sábado, 31 de julio de 2010

Las palabras son cosa seria

Si hay algo que detesto (en realidad millones de cosas me sacan de quicio y sacan mi lado intolerante pero vamos con una nomás) son las palabras torpes.


Detesto que la gente hable de más, 
que hable porque sí, 
que hable por las ganas de hablar sin importar el que escucha,
que empiece a hablar sin saber muy bien qué va a decir y termine diciendo cualquier cosa.
También, ocasionalmente, me jode la gente que es mal hablada por demás. Que frente a determinadas situaciones en vez de escuchar y tratar de entenderte te putea como "en chiste" sin pensar el por qué de tu accionar o de lo que decis.
Pero lo peor de todo es cuando alguien habla sin pensar. 
Con esto me refiero a diversas cosas. Sin pensar qué dice, por qué lo dice, cómo lo dice, a quién se lo dice, en qué circunstancias.


A ver, gente, las palabras son cosa seria. No se tiran al aire porque sí. 
Las palabras pueden enojar mucho, pueden embarrar mucho, pueden lastimar mucho.


Quizás es que yo con algunas cosas me embalo demasiado, pero creo que si uno de verdad pone el ojo se da cuenta que el hablar a veces es muy transparente, que las palabras a veces están hechas de agua, y dejan ver los sentimientos y los pensamientos a la perfección, aunque nuestro emisor no quiera mostrarlas. Ahí es cuando la pifia. 
OJO, no digo que no haya que decir las cosas importantes, no banco para nada eso, simplemente que no hay que dejar que la boca se abra por impulso sin haber recibido una señal lógica de la cabeza.



Hay que tener sumo cuidado con las palabras. Porque elegirlas mal puede ser muy jodido. Lo digo porque fui víctima de palabras muy tontas más de una vez.
No importa un perdón, un me equivoqué, ni existe una fe de erratas.

Lo dicho dicho está, y no hay forma de hacerlo desaparecer.



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